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La historia de cómo conocí a Fey

12.6.09 - - 0 Comments

[Mientras escribo esto, escucho aterrado el nuevo disco de Fey]

¿Qué espíritu maligno, qué demonio malvado, preguntarás tú, oh lector, me ha azuzado, engatusado, seducido y engañado, para degradarme a tal punto de escuchar -con audífonos y todo- el nuevo disco de Fey?

[No, por favor... tiene hasta un sampleo de New Order... quiero morir]

Resulta que antier, mi amigo Lalo me habló para ver cuándo nos veíamos. Lalo se va a China pronto, y hace un rato que no lo veía, así que quedamos que hoy nos veríamos. Así fue. A las 4.30 estábamos en el metro Eugenia, dirreción a Plaza Universidad, para pasear... no, debo ser más exacto... para comprar un disco... pero no, no es suficiente... dilo ya, dilo ya... sí, querido lector, debo admitirlo, para hacer fila para la firma de autógrafos de Fey... Así es, por patético que suene. Pero no me iba a negar, no no no, porque Lalo se va a China pronto y quien sabe hasta cuándo lo vaya a volver a ver.

Bueno, pues nos formamos como dos horas (con lluvia y todo) para la firmucha esa. Yo -oh, iluso de mi- pensaba que, claro, habría una que otra jotita por ahí, desperdigada, perdida, sin nada mejor que hacer que comprar un disco de ínfima calidad... pero no, OH NO, no había una jotita que otra, sino que estaba lleno de jotitas wanna-be, o jotitas cabaretito... era, digamos, un preámbulo del venidero desfile alegórico..

Después de unas 2 horas (incluyendo, para mayor emoción, un buen rato de lluvia torrencial) de hacer fila, llegamos al Mix-Up, donde, como una reina venida a menos, estaba Fey, con su bracito torcido, y firma que te firma, a la caterva de fans-nomber-guans... pobrecilla, se veía bastante jodida...

Pero aquí viene lo bueno. Una vez que Lalo (y Edson, que se nos había unido a la fila tiempo atrás) salieron radiantes, a punto de las lágrimas de la emoción por su firma -con tinta dorada y toda la cosa- de Fey, resulta que en vez de dos, teníamos ahora tres discos... ¿Cómo llegó ahí el tercer disco? No sabemos. La conjetura es que alguien había dejado el disco ahí (seguramente una jotita incauta anterior), y Fey, en la emoción de encontrarse con fans tan leales, se emocionó y les dió el disco que tenía con ella, pensando que era de ellos. Así que, generosos como son, decidieron regalarme el disco sobrante (lástima, éste no tiene booklet autografiado), para que no me perdiera del sublime gozo de la nueva producción discográfica de la Fey.

Ahora lo estoy escuchando y sufro cada segundo... es pésimo y, sin embargo, estoy ya bastante seguro de cuáles serán las canciones que pronto se pondrán de moda en todos los antros maricas de la ciudad...

(Cabe destacar que en el librito (de una calidad tan mala que, por supuesto, hace juego con la chafez de su pseudomúsica) Fey hace diferentes poses de su boquita, entre ellas, la tan socorrida boquita de muñeca inflable...)

¡Oh Fey! ¡Oh humanidad!

La reina de la noche

31.5.09 - - 0 Comments

Últimamente he estado tomando un curso sobre apreciación musical. Sí, sí, suena ultra ñoño, pero qué se le va a hacer. Después de ir a una conferencia sobre Salomé (de R. Strauss) y no haber entendido -casi- nada sobre la bola de tecnicismos musicales, pensé Qué naco soy, dios mío, así que ahora estoy combatiendo mi naquez incipiente a golpe de Mozartazos y Schubertazos y Mahlerazos. Así de violenta está la situación.

Pues bien. Hoy la clase se trató de los últimos años de vida de Mozart. Resulta que el Mozart compuso la famosísima Flauta mágica en sus últimos meses de vida (que, por supuesto, él no sabía que eran sus últimos meses de vida). Y resulta, también, que en la recién mentada ópera, tenemos al personaje de la Reina de la noche (fabuloso nombre para cualquier tranny de alta categoría y rancio abolengo). Como se podrán imaginar -si no han visto la ópera- la reinita esta es una jija de la mañana, pero eso sí, canta maravilloso. En su segunda aria, exhorta a su hija Pamina a que asesine a archienemigo Sarastro porque, de lo contrario, le va ir de la fregada. Esta aria también se caracteriza por su complejidad técnica y, sobre todo, por su fuerza emocional (no olvidemos que está mandando a matar a su enemigo... de hecho, me pregunto si la Reina del pacífico también cantaba así, pero divago, así que mejor veamos el video):






¿Ven qué bonito? Ya me imagino a mí mismo, queriendo asesinar a mi peor enemigo y haciendo esas gracias, "ah-ah-ah-ah-ah-ah", con todo y mi traje de noche y peinado de bruja mala.

Hasta aquí, todo va muy bien. Peeeero, siempre hay algo que nos trae de vuelta del sueño. Resulta, también, que por ahí de los 30s y 40s, había en el gabacho, una doña llamada Florence Foster Jenkins a la que, al parecer, también le gustaba mucho esta aria, y le gustaba, sobre todo, cantarla. ¿Qué hay de malo en esto? Nada, diría yo, todos cantamos en la regadera con mayor o menor acierto. Pero la Foster Jenkins no se limitaba a la regadera, o tina, o lo que fuera, no no no no, la Foster Jenkins cantaba -con su muy singular estilo- en público. Bueno, cantaba es un decir, como lo atestigua este video. (Por favor, noten los esfuerzos del piano para... seguir... a la doña esta.




Mientras escucho, una vez más esta... particular interpretación, mis manos tiemblan aterrorizadas. En efecto, esta Florence logra dar una actuación aterrorizante, bloodcurdling, de pesadilla. No puedo negar que me aterrorizaría tenerla de enemiga.

La historia del pendejo que intentó llegarme un influencil sábado por la tarde

26.5.09 - - 0 Comments

Espérense a que tenga tiempo y les cuento.

La historia del tipo que me llegó en la calle

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Qué sería de los blogs sin esas historias íntimas y triviales que todos morimos por confesar. Así pues, llega la hora de contar la historia del tipo que me llegó en la calle.

Todo esto ocurrió hace poco más de una semana. Yo había ido a casa de Enrique (personaje que aparecerá en próximos capítulos) porque, según él, íbamos a comprar unos tenis. Pero no, no fuimos a comprar tenis porque su amigo, que vive en Puebla, finalmente no pudo llegar al pintoresco De Efe, gracias a las benditas lluvias que azotaban al país. Entonces Enrique dijo, Mejor vamos a mi casa porque tengo mucha ropa que lavar. En su casa, claro está, no hicimos nada. Platicamos de trivialidades mientras él, en su papel de chacha posmoderna, lavaba unos platos. Pero como estaba bastante aburrida la escena -y triste yo porque una vez más se había perdido la oportunidad perfecta para zorrearle- decidí irme de regreso a mi casa.

Pues bien, iba yo alegre y feliz por la calle, tra-la-la-la-lá, escuchando la biografía de Mozart en mi MP3 (nunca hay que desaprovechar un momento para ñoñear), cuando me crucé con un tipito por la calle. Yo lo vi, el me vio, y, justamente cuando iba pasando junto a él, me dijo, Hola. Cabe destacar, queridos lectores, que NO lo conocía. No, no, no, no, no. Pero el tipo me dijo, Hola. Pues, Hola, contesté yo. Seguí caminando. Pero unos pasos más adelante me detuve y, sutilmente, me di la vuelta, para ver a dónde se había ido el tipo éste. Pues, oh, sorpresa, no se había ido a ninguna parte, sino que estaba ahí, llamándome con la mano (beckoning me, en el idioma original. Yo, que venía del desamor y desconcierto, pensé, Qué diablo, a ver qué quiere, así que me le acerqué.

¿De dónde te conozco? ¿Vas mucho a fiestas?, dijo él. --ahora, visto a la distancia, me parece que esa pregunta era sólo para "romper el hielo" y zorrear, y que ni él se la creía que me conocía, pero claro, en el momento en cuestión me pareció una sincera pregunta surgida de la más profunda duda. No, dije yo, no voy a fiestas. Ah, estoy seguro que te he visto en algún lado. ¿A dónde vas? Aquí yo, con mi característica desconfianza victoriana, contesté cualquier cosa. Ah, yo voy a ***, dijo él señalando en la dirección opuesta. Dame tu teléfono --cabe destacar que no me estaba asaltando, sino que quería mi número de celular. Y sí, así lo hice. Le di mi número de celular. A ver qué día nos vemos, dije yo en mi mejor pose de So long, Farewell, digna de la Novicia Rebelde, cuando él, me tomó, me abrazó y me dio un besito. *sigh* Y yo, como toda una Jane Eyre, una Elizabeth Bennett, con el corazón palpitante.

Sí, así fue. Ese mismo día, me mandó dos mensajitos. Yo le contesté. Ha pasado ya una semana y espero verlo pronto. Ya les contaré qué más pasa.

PS. Con tanta emoción olvidé decir que el tipo en cuestión está bastante monón. No, no está así que tú digas AHHHH, no, pero sí está mono. Muuuuuuuuuucho más mono que muchos otros que he conocido.

Overtura

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Pues bien. Hace ya mucho tiempo que no tenía un blog. Ya es hora de tener uno. Después de ver el blog de mi amiga Atenas, decidí que sí, que ésta era la mejor manera de perder el tiempo en esta temporada.