22.2.11

Saúl, lo siento.
A veces, me es simplemente imposible hablar contigo. Las palabras se ahogan y sólo queda un caos y confusión de donde difícilmente puedo salir. Por eso te escribo. Así, por lo menos mientras gozo de un momento de lucidez, puedo decirte que aprecio lo que has hecho por mí. Ah, a veces resulta tan difícil. A veces te veo injusto, sádico, que sabes dónde me va a doler y apuntas directo ahí. Estoy muy cansado de pasar por esos ciclos en que te amo y después te odio. Sufro mucho en esos cambios. Son muy desgastantes para mí, y supongo que para ti también.
También hay momentos en que me queda claro que no me quieres dañar, por lo menos no a propósito. Y también que, en general, has hecho un buen trabajo. No te puedo reclamar nada que no te haya hecho yo antes. Pero también, como te decía ayer, hay cosas que ya no me siento a gusto compartiendo contigo y que, sin embargo, no tengo nadie más con quien compartir. Por eso te quiero dejar, pero al mismo tiempo siento un gran miedo y tristeza.
Sé que he hecho muchas mejoras. Llevo ya casi nueve meses contigo y casi el mismo tiempo en el trabajo. He sido capaz de separarme de mi mamá y de acercarme un poco a mi papá. He ampliado mi círculo de amistades. Ya no me siento tan solo. Y ya tampoco tengo ganas de matarme. Pero de todos modos siento que hay algo mal en mí que me impide acercarme a las personas, que hay algo intrínsecamente defectuoso en mí. Hoy en la oficina oí que un compañero se va a casar después de 8 años de andar con su novia. Para mí, mantener una relación con una persona más de un año es todo un logro. Reconozco que me he peleado por nimiedades prácticamente con todo mundo. Con Mina porque me dijo que si ya no quería ser su amigo. Con Gaby porque se quedó dormida una vez. Con Lei porque un día cerró la puerta con llave antes de que yo llegara. Con Eduardo porque me buscaba demasiado. Con Laura porque no dijo gracias después de ir a mi casa. Con Gerardo porque me manda mensajes. Y contigo por innumerables cosas. ¿Qué clase de persona es esa? Me siento totalmente estúpido de ver mis relaciones en retrospectiva, y sin embargo, en el momento en cuestión no podía hacer ninguna otra cosa.
Por otro lado, hay veces que aguanto muy bien las condiciones difíciles. Pero hay otras ocasiones que sólo se necesita de una mirada, de un gesto o una palabra para ponerme fúrico. He tenido ese problema continuamente en el trabajo y en la casa, y no se diga contigo.
¿De dónde estoy mal? ¿Por qué? ¿Por qué no soy normal en algo aparentemente tan sencillo? Lo que me da más miedo y enojo es que, a pesar de que he dado mi máximo aquí, me pregunto si alguna vez seré como los demás, que pueda tener relaciones duraderas y estables.
Y me cuesta tanto trabajo creer que me quieres a pesar de todo. ¿Me quieres en serio? Este es otro aspecto que me obsesiona. Ser digno de tu cariño. Y, aunque me repita, siento que cuando ya dijimos que no éramos amigos, algo muy fuerte se rompió. Me sentí engañado. ¿Cómo me puedes querer y no ser mi amigo? Luego también me siento juzgado por ti, como si sintieras asco de mí y de mis crisis. Y hay momentos en que creo quieres que me medique porque te tengo harto, ya no me soportas, ya te tengo hasta la madre. Otras veces siento que es porque quieres que no sufra tanto, que es lo que te he pedido.
Por eso creo que tal vez sí sea el momento para dar otro paso. Pienso que nada pierdo en tratar otro camino. Es decir, sin más preámbulos, que sí, le entro a tomar algún medicamento. Pero hay que hacerlo ya, porque no sé cuánto tiempo más me va a durar la decisión. Todavía siento mucho miedo de qué pueda pasar, de que me estén medicando por medicarme, que van a hablar a mis espaldas, que pueden decir "pobrecito infeliz". Pero tal vez también quieran ayudarme.
Me da miedo perder mi capacidad para sentir tan profundamente, para conmoverme hasta las lágrimas. Odiaría ser un zombie al que ya todo le da igual. Si bien no es fácil de sobrellevar siempre, también siento que mi dolor es algo que me define como persona. No quiero perder la capacidad de sentir el dolor. Sólo quiero que no me rebase, que se interponga en cosas importantes. Me queda claro que no quiero ser la Beatriz McKenzy, que se pelea con todo mundo, o mi papá, que simplemente no pudo consigo mismo y decidió abandonarnos. No, eso no quiero, y ahora es el momento de resolverlo. Pero también quiero saber cuál va a ser el camino a seguir contigo. Sé que no puedo tener certezas, pero sí hay algo que pueda esperar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario