Ayer fui a visitar a M. Estaba bastante bien. Además, me dio mucho gusto que, por vez primera, me sentí muy a gusto de hacerle la visita. Le dije que estaba bien, que había tenido una crisis pero que ya había pasado, y que además me iba a meter a clases. Ella, como siempre, me dio de cenar y se preocupó mucho de si estaba comiendo bien. Hoy la voy a volver a ver, pero más que nada para que la contadorator me dé --por fin-- mis papeles de Hacienda. (Qué horror.)
Ahorita me siento muy bien. Estoy en el trabajo y debo apurarme con las cosas, porque he estado huevoneando mucho. De todos modos, las fotos --que es lo más importante-- ya prácticamente están, así que no hay mucho de qué preocuparse. Ahora sólo se viene traducir, traducir y traducir. Pero con la ayuda de A. siento que va a estar más tranquis hacer las correcciones.
Hoy tuve muy buena sesión con S. Es muy rico poder hablar tranquilamente. Me doy cuenta de que me ha cuidado muy bien. Y sí, la neta, me gustaría ser como él, en algún momento. También es signo de que vamos bien, que me pueda poner tan mal, para después hacer algo con eso. Estos buenos momentos (además, por escrito) son los que me sacan adelante cuando las cosas se ponen de la chingada. Curiosamente, siento que estoy entrando a otra etapa con S.
Me acabo de dar cuenta que el árbol que está justo afuera de mi ventana en la oficina está reverdeciendo. Hasta hace poco estaba bien seco, pero ahora tiene montoncitos de hojitas verdes en las puntas. Qué bonito.
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