11.1.11

Anoche no pude hacer ni yoga. Me la pasé muy mal. Otra vez me puse a llorar, porque siento que nadie me necesita. Que soy un instrumento más. Me alteré mucho y me fui a dormir temprano.

Pasé pésima noche, pero afortunadamente estoy mejor. Ahora las crisis no son tan agudas, ni duran tanto. A eso de las 2 de la mañana le hable a Saúl. Obviamente no me contestó. Me enojó bastante porque sentí que, en efecto, no estaba para mí. Pero no sé qué hubiera hecho si me hubiera contestado. Fue más como un berrinche.

Como no podía dormir, estuve hojeando cosas sobre Winnicott. Muy interesante. También quiero conocer más sobre Masud Khan. De particular interés el ensayo sobre el odio en la contratransferencia. Dice que, por ejemplo, el término de la hora es una forma en que el analista dosifica su odio hacia el paciente.

Quiero regresar a la escuela. Tengo que terminar la puta tesis ya. YA. Necesito tener la licenciatura para poder hacer la maestría en psicoanálisis, o en filosofía o en la chingada. Me voy a inscribir a un seminario de psicoanálisis y posmodernidad, a ver qué tal está. Es es una escuela lacaniana, y, aunque me da un poco de nervio, los ensayos que he encontrado en la página han resultado muy interesantes. Curiosamente se tratan más de cosas teóricas, vistas desde un punto de vista lingüístico. Habría que ver cómo se traducen en acción.

También me doy cuenta que no soy el centro del universo. Hace un rato, cuando llegué al trabajo, sólo quería contarle a Paulina mis penas. Pero no se pudo. Ella simplemente comenzó a contarme que su marido había sido despedido y que se sentía muy angustiada. Aunque opiné un poco, me abstuve de hacer más comentarios, de decir "eso le pasó al esposo de mi hermana" o cosas así. Eso no le iba a servir de nada. Me enfoqué principalmente a escuchar. Parece que quedó más tranquila.

Me parece que ahora puedo escuchar mejor y ser más comprensivo, aunque eso resulte contradictorio con el enojo que tengo hacia S. Aunque, bien visto, no resulta tan contradictorio. Ahora el enojo no ha sido ni tan intenso ni tan prolongado. Al mismo tiempo me siento emocionado que empiezo a no sentirlo como un obstáculo ante mi futuro, es decir, que ya no es algo que me detenga para planear (y, espero, realizar) proyectos sobre mi futuro. De hecho fue ese enojo el que me sirvió de combustible para buscar opciones de qué quiero estudiar.

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Ahora me doy cuenta de cómo S. me cuida.

Le conté sobre los teporochos en el centro. Toda una banqueta tomada por colchones sucios. Encima, homelesses leyendo el periódico, o jugando con un perro, o dormidos, o perdidos. Se veía asqueante. Pero lo que era aterrador era una mujer con la boca abierta. Parecía que tenía la boca llena de espuma, pero en realidad era una estopa. Estaba completamente perdida. Tenía justamente la cara de una muerta viviente. Eso me impacto mucho.

Le dije a S. que si bien yo podía pensar que qué terrible condición era esa y sentir compasión, eso no los beneficiaba en lo más mínimo. Que lo mismo pasaba con él. Él podía decir que yo le importaba, que estaba para mí, pero que en realidad eso no cambiaba nada en mí. Él me dijo que yo no era un teporocho, que yo podía hablar. Y es justamente ahí, ahora me doy cuenta, que es donde él me cuida. Se pone como contenedor de mi odio, por ejemplo, pero no se venga, no se desborda en mí. Mantiene la distancia.

También pienso que la separación cada día con él es como la separación de los papás a la hora de dormir. Si el escuincle está terco en quedarse en la cama con ellos, lo que procede es que lo tomen y lo lleven a su cuarto. Por supuesto, el crío va a hacer berrinche y toda la cosa, pero los papás deben quedarse firmes ante eso. Aunque duele separarse, es necesario.

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